Una nota sobre la fundación de Valparaíso
¡Hola, Valpo! Me llamo Jeffrey Skoblow. Soy estadounidense, originalmente neoyorquino, pero vivo desde hace muchos años en un pueblo bastante pequeño en pleno centro del país, en la América profunda, a la orilla este del gran río Misisipi.
Hace unos meses, mi mujer y yo pasamos dos semanas muy agradables y memorables en Valparaíso estudiando con el poeta Arturo Morales en su escuela de Español Interactivo, en la calle Elías. Estudiamos español, claro, desde ser y estar, por y para, hasta el endiablado subjuntivo; pero también aprendimos mucho de la historia de Chile y de Valparaíso. Hablábamos mucho del asunto de la fundación de una ciudad —concretamente de Valparaíso—, de la necesidad de fundar un lugar, un pueblo, una comunidad. También conversamos en algún momento sobre la ceremonia poética en la plaza Aníbal Pinto en el año 1999, cuando los ciudadanos declararon la ciudad fundada, aprovechándose del hecho histórico de que Valparaíso nunca fue fundado oficialmente.
Normalmente —oficialmente—, la fundación de una ciudad es un acto gubernamental, una declaración de poder, de posesión, de orden impuesto. De un centro. Hablábamos también del hecho curioso de que Valpo —geográfica e históricamente— no tiene un centro, y de cómo este hecho representa un problema (una falta, un desafío) y, al mismo tiempo, una oportunidad.
¿Pueden las personas fundar su propia ciudad?
Yo también vivo en un pueblo sin centro. Históricamente, los pueblos estadounidenses como el mío sí tuvieron un centro: una plaza central, típicamente un espacio verde (el town square), con la iglesia a un lado y el juzgado al otro; pero esta tradición ya es bastante anticuada y no tiene mucha fuerza. Todavía hay iglesia y juzgado, claro, pero el espacio del pueblo ya se organiza de una manera más dispersa, con la vida más atada al coche. Y el pueblo mío, Edwardsville, sí fue fundado oficialmente en el año 1818 por colonos blancos que tomaron posesión de tierras ancestralmente pertenecientes a los kickapoo y los potawatomi, entre distintas guerras. Como dice el gran poeta norteamericano William Carlos Williams: «Nuestra historia como americanos nace en el asesinato y el robo».
¿Pueden los ciudadanos fundar su propia ciudad?
A mí me parece que una ciudad —un pueblo, un lugar, con o sin fundación oficial— tiene que ser fundada por su propia gente. Aun diría yo que cada día, con sus acciones y sus omisiones, la gente funda su mundo, asegura su poder, su posesión del lugar y su sentido de orden orgánico. La gente, día a día, forma un centro o, más bien, una constelación de centros que aviva el lugar. La cuestión es: ¿cómo?, ¿con qué acciones y con qué omisiones?
Hay un proyecto ahora en Edwardsville para crear una plaza central, un lugar para pasear, sentarse o congregarse; un espacio sin coches ni negocios, un espacio puramente social. Es un lugar oficial también, construido por el gobierno local: un espacio en la frontera entre el supuesto centro y la imaginación de la gente. Entre el poder y la vida. Entre el orden y el reorden. Por lo menos, potencialmente.
Esto es lo que este aniversario significa para mí: un recordatorio del poder de la gente que solo aparentemente no lo tiene. De la necesidad de hacer arte —poesía, claro, y muralismo— y del arte de la congregación creativa para transformar el mundo en el lugar donde queremos vivir.
A mí me parece más importante que nunca ahora, dada la política retrógrada y tóxica, cruel y vacía de nuestros días. Hay que fundar algo distinto, algo verdaderamente social y saludable —y sí, poético también— con base en el amor y en la creatividad del corazón.
Un gran abrazo desde lejos,
Jeffrey Skoblow
Junio de 2026
Nota biográfica
Jeffrey Skoblow es un profesor, escritor y académico estadounidense. Es profesor emérito del Departamento de Lengua y Literatura Inglesa de la Universidad del Sur de Illinois en Edwardsville (SIUE), institución en la que enseñó durante más de 30 años tras incorporarse en 1987. Ha dictado cursos de escritura, literatura mundial y ficción contemporánea latinoamericana.

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